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"Si de algo soy rico es de perplejidades y no de certezas."
Jorge Luis Borges

martes, 6 de octubre de 2009

Canción de las simples cosas

Canción de las simples cosas
/Armando Tejada Gomez - César Isella

Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol que en tiempo de otoño se queda sin hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple,
y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol la mesa tendida.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple,
y a las cosas simples las devora el tiempo.


Canción de las simples cosas - Mercedes Sosa

domingo, 4 de octubre de 2009

I love autumn, by Mahmoud Darwish

I love autumn and the shade of meanings.

Delighted in autumn by a light obscurity,

transparency of handkerchiefs, like poetry just after

birth, dazzled in night-blaze or darkness.

It crawls, and finds no names for anything.



Shy rain, which moistens only distant things,

delights me

(In such autumns, marriage procession

and funeral intersect: the living

celebrate with the living.)



I delight to see a monarch stoop,

to recover the pearl of the crown from a fish in the lake.



In autumn I delight to see the commonness of colors,

no throne holds the humble gold in the leaves of humble trees

who are equal in the thirst for love.



I delight in the truce between armies,

awaiting the contest between two poets,

who love the season of autumn, yet differ

over the direction of its metaphors.



In autumn I delight in the complicity between

vision and expression.

/ Mahmoud Darwish

Autumn

Thank you, dear Natalia, for this perfect poem.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Jorge Luis Borges: The Mirror Man

Although honors came late in life to Jorge Luis Borges, his unique worldview had begun to emerge even as a child. This program examines the life and literary career of the charismatic Argentine writer, as well as the thematic, symbolic, and mythological underpinnings of his works. Archival interviews with Borges; his mother, Leonor Acevedo de Borges; his second wife, Maria Kodama; and collaborator Adolfo Bioy Casares provide insights into the private Borges, while readings from The Mirrors, Dreamtigers, The Plot, The South, The Aleph, and other landmarks of Latin American fiction demonstrate his virtuosity as a transformer of experiences.

In this segment, of the full show I could not help watching, Borges rediscovers Buenos Aires, one of his lifelong fascinations.

sábado, 26 de septiembre de 2009

viernes, 25 de septiembre de 2009

Spring in the Southern Cone




Spring is like a perhaps hand

by e e cummings

Spring is like a perhaps hand
(which comes carefully
out of Nowhere)arranging
a window,into which people look(while
people stare
arranging and changing placing
carefully there a strange
thing and a known thing here)and

changing everything carefully

spring is like a perhaps
Hand in a window
(carefully to
and fro moving New and
Old things,while
people stare carefully
moving a perhaps
fraction of flower here placing
an inch of air there)and

without breaking anything.



La Primavera es como un Quizás.
Mano que viene cuidadosamente de la Nada,
arreglando una ventana por la que la gente mira
mientras la gente observa,
arreglando y cambiando;
poniendo cuidadosamente allí una cosa insólita
y una cosa habitual aquí
y cambiando todo cuidadosamente.

la primavera es como un Quizás.
Una Mano en una ventana
cuidadosamente hacia y desde,
moviendo Nuevas y Viejas cosas,
mientras la gente observa cuidadosamente,
moviendo un quizas.
Pedazo de flor aquí,
poniendo una pizca de aire allá
y sin romper nada.
Thank you for contributing this beautiful poem, dear Vesna :-)

lunes, 24 de agosto de 2009

Alfonsina Storni


Alfonsina Storni (1892-1938) es considerada una de las voces femeninas más potentes de la poesía en lengua española de las primeras décadas del siglo XX. Su vinculación con el Modernismo, en medio de la euforia vanguardista que se apoderaba de los jóvenes poetas argentinos de su tiempo, hizo que se le diera menos importancia de la que merecía, pese a la notoriedad que alcanzó en su propio país y en el mundo hispánico en general. Esta excepcional mujer, capaz de desafiar los asfixiantes convencionalismos sociales, fue un ejemplo de coraje por su manera de asumir su ser femenino en absoluta y a veces desgarradora soledad.

Nació en Capriasca, Suiza, en 1892, pero desde los cuatro años fue llevada a Argentina, país que la acogió con su nacionalidad. Desde muy niña empezó a trabajar como maestra, haciendo sus primeros pasos como poetisa bajo el pseudónimo de TaoLao.

En sus cartas al filólogo español don Julio Cejador, Alfonsina resume algunos momentos de su vida. Refiriéndose a esta época, le dirá: «A los trece años estaba en el teatro. Este salto brusco, hijo de una serie de casualidades, tuvo una gran influencia sobre mi actividad sensorial, pues me puso en contacto con las mejores obras del teatro contemporáneo y clásico (…). Pero casi una niña y pareciendo ya una mujer, la vida se me hizo insoportable. Aquel ambiente me ahogaba. Torcí rumbos…».

En 1912 nace su hijo Alejandro, sin padre conocido. Eso la define como mujer que se enfrenta radicalmente a la sociedad.

En 1925 publica Ocre, que marca un cambio decisivo en su poesía. Su poesía, fundamentalmente de temática amorosa, ahora también se liga a la temática feminista.

Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
-Dios te lo perdone-,
me pretendes casta
-Dios te lo perdone-,
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y llévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

Hasta la casa de la calle Cuba llega una tarde la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser importante para la chilena, ya que publicó su relato ese año en El Mercurio. Llamó por teléfono a Alfonsina antes de ir, y le impresionó gratamente su voz, pero le habían dicho que era fea y entonces esperaba una cara que no congeniara con la voz. Por eso cuando la puerta se abre pregunta por Alfonsina, porque la imagen contradice a la advertencia. «Extraordinaria la cabeza, recuerda, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años». Insiste: «Cabello más hermoso no he visto, es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura». La chilena queda impresionada por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa manifestación de emotividad, por su profundidad sin trascendentalismos. Y sobre todo por su información, propia de una mujer de gran ciudad, «que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo».

El 20 de mayo de 1935 Alfonsina fue operada de un cáncer de mama. La mastectomía le deja grandes cicatrices físicas y emocionales. Siempre había sufrido de depresión, paranoia y ataques de nervios, pero ahora los síntomas de enfermedad mental se recrudecen. Se vuelve recluida y evita a sus amistades.

En 1937 se suicida Horacio Quiroga y ella le dedica un poema de versos conmovedores y que presagian su propio final:

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,

Y así como en tus cuentos, no está mal;

Un rayo a tiempo y se acabó la feria...

Allá dirán.

Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte

Que a las espaldas va.

Bebiste bien, que luego sonreías...

Allá dirán.

En 1938 apareció Mascarilla y trébol y una Antología poética con sus poemas preferidos.

Los meses que siguen fueron de incertidumbre y temor por la renuencia de la enfermedad: Alfonsina padece cáncer terminal.

En octubre viaja a Mar del Plata. Desde allí, envía dos cartas: una a su hijo, Alejandro, y un "Poema de despedida" al diario La Nación:

Dientes de flores, cofia de rocío...

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

Hacia la una de la madrugada del martes 25, Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar. Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. Aunque los biógrafos aseguran que saltó al agua desde una escollera, la leyenda es que se internó lentamente en el mar.

Su trágico suicidio inspiró la canción Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna, que ha sido interpretada por innumerables músicos de lengua española, destacándose la versión de Mercedes Sosa.


De las heridas y de la incomprensión padecidas por Alfonsina Storni emerge la fuerza de su voz, la cadencia de unos versos que pueden ser grito de protesta, canto a la vida, amor a la naturaleza, o reivindicación del derecho de la mujer a convertirse en sujeto del deseo, en una tentativa de conquistar la libertad para decidir su destino.